Vuelta al Aneto – Crónica de 58k de belleza y dolor

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AGM estuvo presente en la edición del 2014 en una de las fiestas del Trail Running más importantes de la península, la gran fiesta deportiva del Gran Trail Aneto-Possets enclavado en el Parque Natural de Possets-Maladeta y el Pico Aneto.

Este año habían cinco opciones de carreras para participar y en todas ellas hubo representación AGM: Gran Trail Aneto-Possets (109k), Vuelta al Aneto (58k), Maratón de las Tucas (42k), Vuelta al Pico Cerler (22’5k) y Vuelta al Molino de Cerler (9k) En total 7 compañeros AGM repartidos en las 5 aventuras pirenaicas.

Os contaré cómo fue mi experiencia en la Vuelta al Aneto donde estuve acompañado por el compañero Luís García y juntos complimos con el reto de 58k y 3.700 metros de desnivel positivo.

En primer lugar, quiero que quede muy claro que correr en alta montaña requiere de un gran entrenamiento, y desaconsejo al 100% el aventurarse en ningún trail para el que previamente uno no se haya preparado bien y máxime si es por alta montaña (superando la cota de 2000m en muchos km) La montaña es peligrosa y muy cambiante y las circunstancias de carrera son muy variables en pocos segundos. Todo te puede cambiar en un instante.

Luis y yo NO habíamos cumplido con el consejo que os acabo de dar y esto desencadenó en que Ger (yo) pasara una de las jornadas deportivas más duras de las vividas, en mi ya larga trayectoria como corredor popular. 16 horas separaron la línea de salida y de meta.

Recuerdo que a las 7:00 AM, cuando acababan de dar la salida en el bonito pueblo de Benasque, Luis y yo nos las prometíamos muy felices. Teníamos claro que debíamos templar desde inicio y así fue como lo hicimos. Nuestra táctica de carrera era muy clara, guardar y guardar desde principio a fin, y nuestro objetivo era terminar, llegando a los últimos 20k con ánimo y fuerzas para correr y así lo hicimos.

Dividimos en tres tramos el perfil, de 20 en 20k, donde el primer tramo era muy cómodo. Teniendo el depósito de energía al 100% hasta el primer punto de avituallamiento en el Refugio de Renclusa. Hasta aquí llegamos muy bien, realmente bien diría yo, pero a partir de aquí empezó un gran calvario.

Los siguiente 20k transcurrieron entre las cotas 2000 y 2800m por un terreno muy roto y pedregoso, teniendo en las zonas más altas que pasar sobre neveros y zonas con mucha pendiente que casi te obligaba a reptar dejando de lado la profesión de corredor para convernirnos en alpinistas, con el consiguiente peligro que eso suponía. Cruzar el Valle de Salenques fue todo un periplo, creo que sufrí “mal de altura” y esto hizo que me arrastrara, de manera literal, durante cerca de 7 horas. Menos mal que Luis estuvo a mi lado y me animó a continuar en todo momento.

Llegué a plantearme el abandonar, tenía las piernas destrozadas, los golpes sufridos en alguna caída promovida por la fatiga muscular hacían que la desmotivación me invadiera. Sólo quería llegar al siguiente punto de escaque, al avituallamiento del k36 en la Presa de Llauset, pero…puuuffff! no llegaba nunca.

Al fin en la presa, tras 20 maravillosos minutos en los que me atiborré con todo lo que Luis me traía para comer (yo tirado en una silla sin apenas ganas de hablar), le pregunté a un voluntario cómo era esa última cota a cubrir en la prueba, el collado de Ballibierna y no se, pero me convencieron sus palabras y tomé la decisión de continuar y terminar la prueba que se estaba conviertiendo en toda una odisea, mucha belleza en los paisajes pero mucho dolor en el cuerpo.

Tras coronar el Ballibierna todo parecía fácil, -!total, 20k bajando! ¿qué es eso?, pues eso es un tormento para los cuádriceps, las rodillas y las plantas de los pies, pero con más pena que gloria conseguimos trotar que no andar, intentando por momentos correr. Al final nos cogió la noche, Benasque parecía que no existía, que se había trasladado de lugar, que nunca hubiera existido, pero a las 23:00 del sábado estábamos en esa preciosa recta de meta Luis y yo, y esperándonos para cubrir los últimos metros nuestros amigos, nuestra familia.

Cubrí de la mano de mis hijos la línea de meta, – ¡qué ganas de verlos, qué ganas de abrazarlos! Adrián, Gemma y África, junto a Luis, todos de la mano éramos Finishers. Mis ojos se llenaron de lágrimas, – ¡ya estaba, todo terminó bien! y tras cruzar la línea de meta a pensar en ¿cuándo será nuestro regreso por aquellas montañas?

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